Siempre se comenta sobre la situación de la cárcel de San Rafael en cuanto a infraestructura, y lo mucho que padecen los internos estas incomodidades.
Seguramente usted dirá: «¿Qué me importa como vivan estas lacras?… que se pudran en el quinto infierno».
Puede ser, o no, es materia discutible; lo que no se discute son las condiciones de trabajo que deben tener los penitenciarios; ellos no están allí porque cometieron un delito, ESTAN TRABAJANDO, y CUIDANDO QUE ESTOS DELINCUENTES NO SE FUGUEN.
Claro está que los presos tienen quienes los defiendan: las organizaciones de derechos humanos, que de tanto en tanto piden recorrer las cárceles, y se la pasan exigiendo al gobierno que se mejore la calidad de vida de los internos. Pero, ¿quién defiende a los penitenciarios?
Nunca se vio a inspectores de la Sub Secretaría de Trabajo escuchando sus quejas.
En nuestro informe de hoy MOSTRAREMOS EN EXCLUSIVA como trabajan los 30 penitenciarios que se dedican a cuidar la seguridad externa del penal. Es decir, son aquellos que se ubican sobre el perímetro externo del edificio, cuidando no solo que los presos no se escapen, sino impidiendo que les tiren objetos al patio desde la calle, y todo por la ganga de unos 9 mil pesos por mes.
UN CASERON TRANSFORMADO EN PENITENCIARIA
La cárcel de San Rafael no es más ni menos que un antiguo caseron, que fue adaptado hace unos 40 años para que funcione como penal. Claro, en un principio había menos de 50 internos, pero en la actualidad conviven en esa manzana 400 delincuentes, un 75% condenados, y el restante 25% en proceso.
A medida que pasaron directores tuvieron que construir más y más pabellones y celdas, porque el gobierno se NIEGA A INVERTIR EN LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PENITENCIARIA, pese a que es ley y hay un decreto vigente para que esto sea así.
Las imágenes muestran un problema estructural gravísimo en los 8 sectores donde se aposta la guardia externa, que debe estar alerta a que nada suceda, escopeta en mano.
Pero al problema estructural hay que agregarle que el director Ricardo Gatica no presta atención a las necesidades y requerimientos de los trabajadores, que laburan 24 horas por 48, debiendo orinar y defecar en baños inmundos e incompletos, casi al aire libre.
Además, los chalecos que usan están vencidos y no tienen abrojo, por lo cual no pueden abrochárselos.
Son muchas las cosas que debiéramos decir, como que los internos desde abajo les gritan, los insultan y hasta les tiran con caca; sí, leyó bien, con materia fecal que colocan en bolsas de nylon y arrojan hacia arriba.
Deben impedir también que familiares y cómplices no les tiren drogas, teléfonos, bebidas alcohólicas y hasta armas desde afuera.
En fin, cada una de las imágenes que verán a continuación valen más que nuestras mil palabras.