A tres años de la desaparición física del Dr. Julio Tercero

POR ALEJANDRO DELL´ORBO (Periodista) – Hoy el Dr. Julio Tercero debió haber cumplido 83 años, pero debido a un ACV hemorrágico agudo, dejó de existir el 17 de julio de 2010.

El afamado cardiólogo falleció en la sala de terapia intensiva del hospital que él mismo fundó. Si bien fueron muchos los benefactores y pioneros que trabajaron para la creación del Htal. Español, Tercero fue -sin dudas- el alma mater del proyecto.

Además, se destacó enormemente en su especialidad, a tal punto que en sus años dorados profesionales era objeto de consulta de pacientes y doctores de otras ciudades del país.

Fue uno de esos pocos médicos que vivió y trabajó en forma desinteresada, al menos en lo que a dinero respecta. A la mayoría de sus pacientes no les cobraba la visita, y entendía que la mayoría de las enfermedades nacían en el estado anímico del paciente. Pudo ser varias veces millonario, pero optó por una vida austera.

Tuvo dos hijos: Sergio y Marcelo, por quienes dio todo lo que una persona podía dar. Se había separado hace unos 20 años, y vivía en su casa de calle Ortíz de Rosas, donde sólo iba a dormir, ya que pasaba casi todas las horas del día en el hospital.

No fumaba y no tomaba alcohol (desde los 25 años) pero tenía un vicio: la lectura. El consultorio que tenía en la planta baja del hospital desbordaba de libros, y de llamativos «adornos»… Como era un gran fand de Enrique Santos Discépolo, tenía un cuadro con la letra del tango «Cambalache», y fabricó un disparatado «mueble», consistente en la «Biblia con el calefón», el cual terminé por heredar.

Párrafo aparte merecía su singular forma de ser: una persona transparente, con poco filtro, y dueña de un original sentido del humor. Por momentos sacaba a flote su fuerte carácter, gritos mediante, o hacía gala de sus riquísimas anécdotas, que todos escuchábamos con suma atención.

El porteño escritor Cacho Cejas publicó un libro sobre su vida, allá por el año 1995. Pero él también tenía una faceta de escritor, a tal punto que durante muchos años tuvo una columna en SEMANARIO DEPARTAMENTAL, publicación de la que soy director.

También hicimos un programa de radio juntos, allá por el año 2000, y fue parte de los inicios de «Domingos de Furia». En su bicicleta llegaba puntualmente a las 10:30 de la mañana, y nos trenzábamos al aire de la FM 90.1 en disparatadas discusiones.

«Chau, hasta los huevos«, decía al despedirse.

Pero luego se enfermó, y se le empezó a dificultar el desplazamiento por sí mismo.

No usaba trajes (se ponía desprolijos camperones) y era fotofóbico, lo que llevó a que usara unos extraños lentes que le tapaban la entrada de luz a sus ojos.

Me hizo muy feliz haber compartido tantas cosas con él. Vale el recuerdo a tres años de su desaparición física. «No le tengo miedo a la muerte Dell´Orbo -me decía-, sino al dolor«.

Salvatore Gibilisco, Ismael Orbelli, Julio Tercero y Alejandro Dell´Orbo, en una noche de asado
Salvatore Gibilisco (también desaparecido), Ismael Orbelli, Julio Tercero y Alejandro Dell´Orbo, en una noche de asado

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