EDITORIAL: HIPÓCRITAS

Hace casi 30 años que ejerzo el periodismo en San Rafael. En estas tres décadas he compartido cientos de cenas, ágapes, degustaciones y hasta viajes con concejales, diputados, senadores, y/o funcionarios municipales, provinciales y nacionales, incluso con muchos que continúan en la función pública.
He visto a casi todos, a excepción de algún abstemio, tomar vino y otras bebidas alcohólicas de manera discrecional, y en otros casos excesiva.
También vi (no me lo contó nadie) como aquellos que «se tomaron hasta la presión» se subieron a sus vehículos para volver a sus casas.


NUNCA LOS JUZGUÉ. Confío en que si decidieron manejar es porque sentían que estaban en condiciones de hacerlo, más allá de los límites que dispone la ley, que -en muchos casos- ellos mismos votaron.
Sabemos que ésta es una realidad cuasi cotidiana, pero que no trasciende en los medios.
También vi a muchos de quienes hoy se rasgan las vestiduras por la alcoholemia positiva del concejal Martín Antolín, salir totalmente alcoholizados de distintos eventos realizados este año (y tengo videos), como la fiesta post Vendimia (Bodega Mumm), el almuerzo de las Fuerzas Vivas (Centro de Congresos), la Fiesta de la Flor de la Vid (Bodega Iaccarini), y otras tantas festividades e inauguraciones.
Insisto, no los juzgo por ello; pero sí los juzgaré por su doble moral.
La única diferencia entre ellos y Martín Antolín es que A ESTOS «REYES DE LA MORAL» NO LOS DETUVO NINGÚN CONTROL DE ALCOHOLEMIA. Quizás porque saben donde se ubican (y los evitan), o por simple fortuna; y de esa manera zafaron de la «picadora de carne» que somos los medios de comunicación.
En serio, realmente no puedo creer lo que algunos de ellos y ellas postearon o dijeron públicamente: Chupan más que Horacio Guaraní, se van manejando y después se hacen los ángeles.
Jesús a este tipo de sujetos les llamaba FARISEOS.
¡Al que le quepa el sayo que se lo ponga! (Alejandro Dell´Orbo, periodista).

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